lunes, 14 de diciembre de 2015

Los libros ¿una mala influencia?

Acabo de leer un artículo referente a la mala influencia ejercida por los libros escritos sobre la memoria (aquí) cuya idea principal es el deterioro de la misma por el uso de la palabra escrita, ya que no necesitamos tanto almacenar datos porque podemos volver a ellos en cualquier momento, al tener un archivo físico al que acudir; y lo enlaza con el uso de la tecnología, comparando la perdida de memoria de antaño con la falta de atención actual, pues los cachivaches actuales y la cantidad de información (no diré libre) que circula, nos facilitan demasiados estímulos a la vez que van en detrimento de ésta (la atención). Y me ha dado que pensar, tanto el artículo como el hecho de que conforme lo leía, sentía la necesidad de mirar el móvil por si me escribas o de abrir una nueva pestaña para buscar información nueva, repartiendo mi atención en tres sitios a la vez. Eso, unido a mi carencia memorística que tan malas pasadas me ha jugado. ¿Será cierto que todo ese conjunto de datos, tanto escritos como digitales, nos atrofia el cerebro? Y ya no solo es la memoria, es la falta de comprensión de los textos que leemos al no haber una necesidad real de aprender de ellos.

Tiene lógica que al tener que aprender para recordar, una vez pasada la edad escolar, dejemos de trabajar con ciertos procesos mentales y estos se vayan perdiendo. Leemos pero no hacemos uso de la información adquirida, tendemos a hacerlos por divertimento, ocio, no por aprender sobre temas concretos; y en cuanto a las noticias, leemos para estar informados (o eso nos dicen los medios, que nos informan) y tratar de entender el mundo. El problema es que entendemos el mundo que nos transmiten otros a través de su perspectiva o de la ideología del que dirige el medio, no desde el dato objetivo y la información crítica, pero eso es otro tema. Creemos que leemos para mantenernos informados de lo que pasa en nuestro primer mundo, para nada más, pues tampoco hacemos nada con esa información más allá de debatirla en petit comité con nuestros cuatro amigos de siempre, pero igual que con lo que obtenemos de las novelas, desaparece con el tiempo, dejando claro su poca valía. Si tuviéramos que aprender esos datos o esas historias para transmitirlas a los otros de forma oral, tendríamos que analizarlas, entenderlas e interiorizarlas, de forma que pasarían a formar parte de nuestro conocimiento y estructuras mentales; realizaríamos un procesamiento de la información completo, con una atención plena, una opinión crítica y una memoria completa (tanto a corto como a largo plazo). Leeríamos mucho menos, peor sabríamos mucho más, pero ahora eso no importa. Ahora solo importa llenar nuestro tiempo con cosas o matarlo.

No creo que el papel escrito o la tecnología influya de forma negativa en la retención de datos o en la memoria. Creo que es la forma de vivir la que ha hecho eso; el relacionar la mejora de los canales con el consumo masivo y con ello, la perdida de lo ya citado. Es la falta de comunicación, el poco uso que hacemos de aquellos conocimientos que no producen algo práctico, la carencia de relaciones profundas... lo que atrofia nuestra mente, no el papel. Bajo mi punto de vista.

ELENA

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